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Un tiro en el blanco

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3D Bullseye

Miguel Ángel Santos Guerra cuenta esta anécdota de un ejercicio que realiza con sus alumnos como introducción al tema de la evaluación.

Pide que un voluntario se acerque al pizarrón, y le venda los ojos con un pañuelo. Entonces dibuja en el pizarrón un gran blanco con cuatro o cinco anillos alrededor del centro. Seguidamente coloca al interesado frente al blanco y le pide que lance una tiza que le ha dado previamente. Luego del impacto hace una “evaluación” basada en una escala de cinco grados (muy mal-mal-regular-bien-muy bien) comunicando al voluntario el resultado sin explicarle las características de su desvío. Luego lo invita a repetir el lanzamiento y vuelve a comunicarle el resultado con la misma evaluación. Después de hacer lo mismo tres o cuatro veces, se vuelve a la clase y realiza la pregunta obvia:

¿Aprenderá así a hacerlo bien? ¿mejorará el resultado de su lanzamiento?

La respuesta del grupo es tajante:

No.

Es importante señalar que el lanzador no puede autoevaluarse, porque no sabe dónde está ubicado el blanco, dónde tiene que tirar, ni conoce el resultado de sus lanzamientos.

Algunas variantes del ejercicio:

  • hacer que el voluntario dé varias vueltas sobre sí mismo, para que se maree un poco. Así ejemplifica a los evaluadores que disfrutan haciendo difícil la tarea (¡Ah! ¡Este problema no lo saca nadie!)
  • evaluar el lanzamiento y anotarlo en la libreta de calificaciones sin informar al voluntario. Pedirle que haga varios intentos pero no informarle en ningún caso sobre el resultado.

Luego de estos ensayos, el profesor le pide al interesado que se saque el pañuelo, lo sitúa frente al blanco y le pide que tire la tiza. Es claro que él mismo ve dónde ha impactado. Luego de señalarle el punto, le pide que esté tranquilo y le aconseja que cambie su posición si considera que es necesario, antes de invitarlo a repetir el lanzamiento. De forma casi inexorable va mejorando y obteniendo mejores resultados.

Este ejercicio, cargado de obviedad, señala Santos Guerra, permite reflexionar sobre algunos de los problemas que tiene la evaluación educativa: cargar de dificultad la tarea, no devolver la información, no explicar el proceso, no hacer autoevaluación, tener en cuenta sólo el resultado…

La evaluación puede concebirse y usarse como un fenómeno destinado al aprendizaje y no solamente a comprobar los resultados del mismo. No es el final de un proceso , y aun cuando lo sea, puede convertirse en el inicio de un proceso nuevo, enriquecido y fundamentado.

La experiencia que aquí se narra forma parte del prólogo de un libro de Santos Guerra en el cual se hace hincapié en la evaluación como aprendizaje. También como para el autor, mi objetivo con este relato es invitar a la reflexión sobre el tema, tanto para los evaluados como para los evaluadores.

Analicemos esta tabla que incluye dos columnas con finalidades simultáneas para las cuales puede servir la evaluación:

A

B

Medir

Aprender

Calificar

Dialogar

Comparar

Diagnosticar

Clasificar

Comprender

Seleccionar

Comprobar

Jerarquizar

Explicar

Atemorizar

Mejorar

Sancionar

Reorientar

Acreditar

Motivar

Juzgar

Rectificar

Exigir

Contratar

Promocionar

Reflexionar

Si preguntamos a cualquier persona qué finalidades de la evaluación son más importantes, deseables, enriquecedoras, seguramente la mayoría señalará la columna B. Pero si preguntamos cuáles son las más presentes en el sistema educativo, es probable que mencionen las de la columna A. Suavizar esta discrepancia significativa requiere potenciar los fines más positivos y reducir el peso de las finalidades más negativas. Si bien no será posible despojarnos de las calificaciones, clasificaciones y comparaciones, podemos afinar el lápiz cuando hablemos de evaluación, y especialmente, saber qué pretendemos cuando la ponemos en práctica.

Comparto con Santos Guerra la idea de que se puede entender la evaluación como un camino para el aprendizaje, que si es recorrido inteligente y responsablemente, ayuda a comprender lo que sucede, contribuyendo a rectificar el rumbo, a reconocer los errores y a mejorar la práctica.

“No se debe (en realidad, no se puede) despojar la evaluación de sus dimensiones éticas, políticas y sociales”

Santos Guerra, MA. 2003:12. La evaluación como aprendizaje. Una flecha en la diana. Madrid, Narcea.

Sobre este post:

Buscando imágenes CC para incluir en el material sobre evaluación de un curso sobre este tema que voy a realizar próximamente, encontré la que está incluida en el inicio. Así fue que a partir de la imagen pensé en escribir en el post estas ideas con las que pienso iniciar ese curso. Así generado, el post puede sumarse al desafío #blimage, una iniciativa generada en Twitter. Steve Wheeler y un par de colegas, inventaron esta idea como forma de estimular a que los docentes escriban en sus blogs. La idea empezó a expandirse y cuando me enteré, quise sumarme también. Así que éste es el resultado.

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Author: Adita

Bióloga, paleontóloga, tecnóloga educativa (por orden de aparición). Docente universitaria. Investigadora. Mirando el mundo desde el mejor lugar (Rocha, Uruguay). Biologist, palaeontologist, educational technologist (in order of appearance). University teacher. Researcher. Looking the world from the best place (Rocha, Uruguay).

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